Cuando te diriges a tus profesores, a tus padres o los adultos en general, no te expresas de la misma forma (o no deberías) cuando charlas con tus amigos. Tampoco los profesores hablan igual cuando están haciendo su trabajo que cuando se comunican con su familia o sus amigos. Estas diferencias se originan al cambiar las situaciones de los hablantes y dan lugar a diferentes registros.
El registro lingüístico es un uso del idioma que se adecua a la situación que se encuentre el emisor y el receptor.
Un hablante que tiene competencia lingüística capta enseguida las diferencias de situación y se adapta a ellas. Así, podemos del registro formal y del registro informal.
El registro formal
Imagina que intentas convencer a un guardia civil de que no llevas puesto el cinturón de seguridad porque se rompió el broche, o que estás exponiendo un trabajo en clase, o que vas al despacho del jefe de estudios. En estas situaciones hay una distancia entre los interlocutores ( no comparten la edad, ni la condición, ni hay familiaridad entre ellos) y en el asunto de que se trata requiere objetividad.
El registro formal es el uso del idioma que empleamos cuando la situación requiere un tono grave y objetivo.
El registro formal se caracteriza por los siguientes rasgos:
La función representativa del lenguaje es más frecuente que la expresiva.
Se presta atención a la norma lingüística.
Se persiguen la variedad y la riqueza léxica para conseguir la precisión.
Puede darse tanto oralmente (por ejemplo, en las situaciones que acabamos de escribir) como por escrito (un examen o una reclamación ante un organismo oficial).
El registro informal
Cuando los hablantes tienen cierto grado de confianza entre ellos, o comparten ciertos aspectos, como la edad o la condición social (por ejemplo, que sean compañeros de clase, colegas en el trabajo o miembros de la familia) pueden utilizar un registro informal, que es el característico de las conversaciones entre amigos, familiares, compañeros, etc.
El registro informal es el uso del idioma que se produce cuando existe familiaridad entre los hablantes. Es también conocido como coloquial.
Habitualmente, este es un registro oral, aunque pueda darse por escrito en cartas amistosas, en chats o en ciertos foros de Internet. Sus rasgos son los siguientes:
Es frecuente el uso de las funciones expresiva y apelativa del lenguaje.
La expresividad interesa más que el cumplimiento de la norma lingüística.
Es habitual la introducción de coloquialismos y expresiones populares.
Está más presente en la lengua oral que en la escrita.
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